1.1. Sobre el marco europeo

FUNDAMENTOS TEÓRICOS > 1. CONSIDERACIONES PREVIAS  > 1.1. SOBRE EL MARCO EUROPEO
                                                                                                                > 1.2. ACERCA DEL MODELO DE ESTADO 
                                                                                                                > 1.3. EN TORNO AL MODELO ECONÓMICO
 


No puede entenderse ninguna de las dimensiones concernidas en los planteamientos territoriales en nuestro país sin tener en cuenta los debates y decisiones sobre gobernanza, ordenación de territorio, cooperación territorial, cohesión económica y social, etc., habidos en el seno de las instituciones europeas, fundamentalmente, en la última década del siglo pasado y en la primera del presente. Debates y decisiones han creado un corpus territorial al que aquí nos referiremos como soporte de nuestras propuestas, pero sin ignorar tampoco que el momento presente es de gran incertidumbre sobre la continuidad de los planteamientos de las décadas anteriores a la crisis. Las dimensiones territoriales aquí contempladas han de enmarcarse dentro del proyecto de construcción europea entonces defendido por pueblos, políticos e instituciones, hoy, sin embargo, en entredicho o, al menos, seriamente cuestionado. En todo caso, el Manifiesto se redacta en el ánimo de construcción del proyecto europeo, pero también contemplando su hipotética interrupción. El Noroeste Ibérico, los territorios de Galicia, Asturias, León, Zamora, Salamanca y la Región Norte de Portugal, al igual que otros de España y Portugal son deudores del proyecto de construcción europea y, singularmente, Galicia y el Norte de Portugal han avanzado notoriamente en la cooperación transfronteriza, merced a entidades como el Eixo Atlántico entre otras, llegando en algunos casos a difuminar sustancialmente la idea de frontera nacional. Es preciso reconocer que se han dado mayores avances integradores entre esos territorios transfronterizos que entre algunos otros dentro del mismo marco nacional, incluso dentro del propio Noroeste Ibérico-español.


La cooperación entre territorios con vistas a la cohesión territorial es un gran objetivo del proyecto de construcción europea que hoy afronta un problema viejo y otro nuevo: el primero, el respeto al principio de subsidiariedad, y, el último, el más reciente, el peligro de pérdida de los fondos destinados a tal fin. Y sin embargo, el objetivo de cohesión territorial debe permanecer como irrenunciable. A lo largo de las cuestiones conceptuales, datos, hitos, etc., iremos comprobando que términos como gobernanza, cohesión territorial (elementos capitales de este Manifiesto) plantean serios problemas de demarcación y aplicación práctica. Hoy, los expertos nos dicen que la UE debe dotarse de un nuevo sistema de gobernanza que respete el principio de subsidiariedad, pero también nos ponen de relieve que la UE no parece estar interesada en liderar grandes transformaciones territoriales, como  tampoco muestra mayor preocupación en determinar el modelo territorial futuro.


¿Significa lo anterior que hemos de detenernos en la consecución de los objetivos de gobernanza y cohesión? ¿Vamos a dejarnos seducir por los discursos sobre grandes principios, como propiamente lo es el de la cohesión territorial o acerca del policentrismo, por ejemplo, más que por la forma de conseguir su cumplimiento? ¿Puede avanzarse sin modelo? Suele decirse que el todo se consigue por anexión libre de las partes, pero a su vez no podemos ignorar que ese todo habrá de tener una coherencia; pero, ¿puede lograrse la coherencia del todo sin la coherencia interna de las partes? ¿Es posible una Europa con cohesión territorial, si esta no se da en España? Hasta ahora, la política territorial se contempla como un ejercicio de coordinación de las distintas políticas con impacto territorial y eso estaría bien, si dispusiéramos de un modelo territorial aceptado por todos. Pero no es el caso.


Considerando que disponemos del Observatorio en red de la ordenación del territorio europeo (ORATE), que como es sabido se trata de un programa de investigación aplicada en el ámbito del desarrollo territorial (financiado por INTERREG y los estados miembros) cuyo objetivo es proporcionar a los responsables de la elaboración de las políticas nacionales y regionales de Europa datos sistemáticos y actualizados sobre tendencias territoriales y su posible efecto en las políticas a aplicar en las regiones y territorios europeos, cabe reconocer la utilidad de tales instrumentos para esa toma de decisiones, mas no deberíamos detenernos ahí, sino que también deberíamos emplearlos en elaborar un modelo europeo de cohesión y desarrollo territorial, máxime si tenemos en cuenta que la totalidad de la investigación aplicada del programa ORATE afecta a los 29 países europeos, los 27 de la UE y Noruega y Suiza y que el programa pasó de 7 millones de € para el periodo 2000-6 a los 34 para el periodo 2007-13, y que, sumados a las aportaciones nacionales, podrían llegar a los 45 millones. Y, sin embargo, tal modelo parece estar bastante lejos de las preocupaciones de los actuales dirigentes de la UE.


La ciudadanía debería  implicarse en algo que solo aparentemente parece resultarle lejano. Se constata que hay una falta de cultura territorial, como se ha podido apreciar en los temas urbanísticos y ambientales, por ejemplo, asuntos claramente relacionados con el territorio y su modelo de desarrollo. Por ello, sería conveniente promover la utilización de foros abiertos entre los ciudadanos sobre estas materias, entre otras líneas de actuaciones.